miércoles, 19 de marzo de 2008

Hermanos de sangre: November Növelet


Novermber Növelet es el proyecto paralelo de la pareja formada por Mr. y Mrs. Arafna, es decir Haus Arafna. Según ellos, ambos proyectos son gemelos monozigóticos separados al nacer, cada uno de los cuales ha seguido su propio destino y trayectoria. La discografía de NN es más escasa que la de su hermano, y se limita a un EP, More Satanic Heroes, aparecido en 1994, un LP de 1999, From Heaven on Earth, y su última producción aparecida el pasado año, el magnífico Magic.
A la hora de hacer la inevitable comparación con el sonido de Haus Arafna, vemos que se trata de lo que podríamos llamar una versión "pop" de éste, con todos los matices que se quieran. Sin perder su frialdad y sus atmósferas deshumanizadas, November Növelet añaden una dimensión cercana a la melodía y un uso de letras que se aproximan al canto, en una clara intención de crear canciones en una línea más convencional (dentro de lo que cabe, claro) que el ruido furibundo y experimental de Haus Arafna.
Este intento de disociar las dos tendencias parece de lo más adecuado, sobre todo teniendo en cuenta el caso de proyectos similares como Ordo Rosarius Equilibrio. Así, mientras ORE se han quedado un tanto estancados en un terreno intermedio, los Arafna conciben, ya desde antiguo como vemos, dos ideas separadas pero complementarias, y con resultados brillantes. Para darse cuenta basta escuchar algunos temas de su último disco Magic, donde encontramos ritmos que rozan lo bailable, voces que rozan el canto, y melodías que se insinúan pero sin perder nunca su sello personal, en un equilibrio muy logrado. Por tanto sólo podemos exclamar como ellos:
Viva la November! Viva la Növelet!

martes, 18 de marzo de 2008

THE CURE 10-III-2008 Palau Sant Jordi


Tras meses de espera llegaron los Cure a Barcelona, en la que se rumorea que puede ser su última gira. La expectación era grande, y es que se trata de una banda que aglutina a públicos bastante diversos, como se pudo ver en la multitud que abarrotaba el Palau Sant Jordi pese a ser lunes. Esos públicos diversos se corresponden con las diversas etapas que ha recorrido la banda de Robert Smith a lo largo de los años, seduciendo a gente con gustos variados. El efecto se pudo ver en el grupo de amigas que me acompañaba: unas eran fans de sus primeros singles más pop, otras de de sus temas más comerciales, y aparte el sector en el que me incluyo, admirador de su vertiente más densa y agorafóbica.
Los teloneros eran otro de esos grupos que parece haber digerido mal un exceso de Pink Floyd y Radiohead, como tantos otros. Pero fue con la salida al escenario de la mítica banda cuando aquello se llenó y se desató la mitomanía. Sobre el escenario un Simon Gallup por el que apenas pasa el tiempo, un Porl Thompson un poco menguado pero elegante, un batería de incorporación relativamente reciente y, por supuesto, el gran, el enorme Robert Smith, con su puesta en escena legendaria, su maquillaje, su cardado, y las ropas anchas que le caracterizan estos últimos años.
Abrieron despacio, y en esa tranquilidad transcurrió la mayor parte del show, con preferencia por los temas más lentos y relajados. Nótese que no había teclista, con lo cual muchos temas quedaron un tanto alterados. La idea de centrarse en una formación de rock está bien pero muchas canciones perdían inevitablemente parte de su encanto.
Fueron desgranando temas como The Walk, Lovesong, Friday I'm in Love o Lullaby, pero también alguno de su disco más reciente y otras que sinceramente no me sonaban, lo mismo que a mis compañeras. Con una trayectoria como la suya es fácil hacer que dos de cada tres canciones sea un clásico a la hora de tocar en directo, y así fue, aunque como digo sonaron varias menos conocidas, amén de que el conocimiento del público era necesariamente parcial, ya que es difícil haberlo escuchado todo de ellos.
Yo esperaba ansiosamente algún regalo del Faith y el Pornography, pero sólo tocaron una versión rara de Primary del primero y un rato después One Hundred Years, para exaltación mía e indiferencia de mucha gente. Durante esta última proyectaban imágenes agresivas del s.XX en lugar de los focos lilas y rojizos, sacando a relucir esa parte más cruda y existencial de The Cure. Después, tras un buen rato regalándonos temas estelares, hicieron una pausa y a la vuelta ofrecieron nada menos que un repaso bastante exhaustivo por el 17 Seconds, uno de mis discos favoritos. La culminación llegó con A Forest, de nuevo con unas magníficas proyecciones de siluetas de árboles y una atmósfera excepcional, apoteósica.
La segunda tanda de bises se centró en material antiguo: Boys don't cry, Killing an Arab, 10,15 Saturday Night, Jumping Someone Else's Train... para disfrute de los muchos fans de esa etapa. Yo pensaba en la de veces que habrán tocado esas canciones... En total un montón de horas de buena música, repasando todos sus éxitos, en una actuación pensada para el disfrute de los fans, ya que no se trataba de presentar ningún trabajo nuevo.
Hay que agradecer todo el esfuerzo realizado por un grupo que lleva muchos años en la brecha, que está embarcado en una extensísima gira y que ofrece en cada show largas horas de buen hacer. Se puede criticar la versión un poco justita de algunos temas, fundamentalmente por la falta de teclados, y una leve sensación de falta de entrega, por lo demás comprensible teniendo en cuenta las circunstancias que he citado. Un desgaste de años que les da un poco de estatismo pero que no quita esplendor a su puesta en escena. Nada de eso pesa cuando Robert Smith se acercaba a los lados del escenario para que lo viéramos de cerca, con su cara pintada, sus ojos que siguen impresionando, su voz tan expresiva como el primer día. Con eso nos quedamos, toda una experiencia.

La vanguardia de la santidad


Krzysztof Penderecki
Passio et mors Domini nostri Jesu Christi secundum Lucam
MDG 2000
7/10

Estos días de Semana Santa son buen momento para acercarse de nuevo a la visión que nos dejó el gran Penderecki del tema devoto de la pasión de Cristo, en este caso según el evangelio de Lucas. El tema de la pasión contaba ya, en el momento en que el compositor polaco alumbra esta obra en 1966, con el famoso precedente de Bach, la pasión de San Juan y la de San Mateo. Así que nuestro hombre elige la de Lucas, y le da su toque vanguardista.
Ese toque se aprecia en el uso generoso de la particular técnica que Penderecki cultivaba en aquella época, la de la nube de ruido, en que un gran grupo de notas próximas se tocaban conjuntamente, dando lugar a esa particular sonoridad. Otro magnífico ejemplo lo encontramos en Polymorphia. Aquí la partitura se ajusta al tema religioso con un tono grave y en general solemne, que a veces da lugar a grandes momentos de clímax y a menudo retrocede ante la recitación de Manfred Jung, aquejada de un marcado acento germano. Junto al recitador encontramos a una soprano, un barítono y un bajo, y la orquesta de la Beethovenhalle de Bonn.
En general el disco puede hacerse repetitivo para la gente poco amante de la música clásica, al menos si se escucha de una sola vez, pero el toque innovador de Penderecki aporta un atractivo muy especial a esta personal visión de la música sacra, un género que no ha abundado precisamente en las vanguardias artísticas. Por esa singularidad y esa atmósfera solemne bien merece una escucha estos días.